|
¡Ahí
Esta LA PRESA! (Español) CAPITULO
3 EL CONCEPTO QUE DEFINE NUESTRO MÉTODO “ Y haced discípulos a todas las naciones..” Mateo 28:19 Si vamos a ser
completamente obedientes al Señor Jesús y a Su Gran Comisión, debemos
forzarnos a ser técnicamente exactos en la comprensión de esa Comisión. No
podemos darnos el lujo indulgente de la ignorancia o la inexactitud. Vivimos
“por cada palabra que sale de la boca de Dios,” y en ninguna otra parte, esta
declaración es más comprometedora que en la Gran Comisión. Debido a que el
único mandato en la Comisión es “haced discípulos,” es entonces de nuestra
incumbencia el conocer tanto como podamos nuestra descripción de trabajo. Una
vez que aprendamos que el único mandato en la Gran Comisión es hacer
discípulos, surgirán ciertas interrogantes cruciales. La primera es, ¿Qué es
un discípulo? La segunda es, ¿Qué quiere decir el hacer discípulos? Y la
tercera, ¿Cómo lo hacemos?. No puedo imaginarme hacer otras preguntas que
sean más importantes para la iglesia de hoy que estas, de otro modo, continuamos
siguiendo ignorantemente el sutil substituto de Satanás, en vez de obedecer la estrategia del Salvador. Hemos visto lo
vital que es la visión para la función espiritual, y hemos examinado la Gran
Comisión, la comisión que determina nuestro Mandato. Ahora, vamos a
investigar el concepto que determina nuestro método. El concepto es el de
discipular o edificar discípulos. Para poder entender completamente este
concepto, debemos explorar una familia de palabras muy relacionadas entre sí,
algunas de las cuales son usadas en la Biblia, y algunas de ellas son
extraídas del léxico bíblico por su uso. HACIENDO
DISCÍPULOS El concepto que
determina nuestro método nos es otro que el discipulado: Jesús nos
ordenó, “haced discípulos.” Varias
palabras calve nos llaman poderosamente la atención. DISCÍPULO Uno es la
palabra “discípulo.” Los discípulos son, paralelamente, las personas que
agradan al Señor y las personas que alcanzarán al mundo. Por lo tanto, es
imperativo la clara identificación de un discípulo. Comprender lo que un
discípulo es y lo que hace, es de suma prioridad para la iglesia. Lo irónico
en la iglesia es que usamos la palabra discípulo muy libremente, y con mucha
frecuencia sin significado. Tal situación es como la de una compañía fabricante
de zapatos tratando de producir un producto sin especificaciones. El producto
que saldrá de la línea de ensamblaje sería muy interesante. (Bill Hull; The
Disciple Making Pastor, 54) Esta palabra,
“discípulo,” trágicamente ha sido reducida por la iglesia moderna, incluyendo
todo lo que existe desde “convertido” hasta “creyente. Usualmente el hacer
discípulos se define como “ganar personas para Cristo.” El ganar almas es una
parte vital, el inicio, una parte necesaria del edificar discípulos, pero eso
es solo el comienzo. Si el proceso se detiene en ganar almas, el pecador en
cuestión no está realmente “ganado” del todo. En el Nuevo
Testamento, la palabra “discípulo” es utilizada de varias maneras en forma
bastante amplia, y luego en una forma más estrecha. Es usada, primeramente,
para describir al oidor casual. Todos aquellos que vinieron a escuchar
a Jesús al inicio de su ministerio son llamados “discípulos.” Luego, es usada
para describir a un oidor convencido, una persona que consiente que lo
que está escuchando es verdad, aunque esto pueda que no cambie
substancialmente su vida o su estilo de vida. Lea Juan 6 cuidadosamente,
poniendo especial atención a los versos 63-66. Los oidores casuales y
convencidos, todavía seguidores no comprometidos, dejaron a Jesús y “no
caminaron más con Él.” Amigos, la iglesia hoy día esta llena de personas que
cumplen estas dos descripciones. Esto comprende una vasta congregación de
“calentadores de bancas” que llenan nuestras iglesias domingo tras domingo, y
no tienen el interés de unirse a Dios para cambiar al mundo, porque ellos no
están profunda y verdaderamente cambiados. El tercer uso de
la palabra “discípulo” en el Nuevo Testamento, la define como compromiso,
seguidor y aprendiz de por vida. Este último uso, es el que Jesús usó
intencionalmente en la Gran Comisión, y constituye nuestra guía para marchar.
Tenemos que ir a todas partes y “convertir a los hombres en aprendices de por
vida, hombres comprometidos, seguidores de Jesucristo.” Como puede ver, este
significado es inherente a la palabra “discípulo.” Un discípulo es un adherente
(uno que se adhiere, como la cinta adhesiva, a otro), o un aprendiz, de
Jesucristo. Sopese cada palabra cuidadosamente. Dedíquese a pasar un poco de
tiempo explorando estas palabras. Un discípulo es una persona en
entrenamiento. En realidad, es un líder en entrenamiento. Tertuliano,
uno de los líderes de la iglesia primitiva, llamó a los cristianos “ pupilos
de la escuela de Dios.” Un discípulo primeramente nace, luego se hace. Este
es nacido del Espíritu de Dios con el equipo correcto instalado por la
fábrica. Pero entonces este debe ser preparado, entrenado, enseñado, y
conducido al compromiso con Jesucristo. Waldron
Scott, un gran discipulador, escribió: “ La propia actividad de desarrollar
nuevas actitudes, adquirir nuevas habilidades, formular nuevas relaciones,
descubrir, atreverse, explorar, reformar, renovar, en suma, aprender, hace de
la vida, la aventura que Jesús nos promete. Si no estás aprendiendo, no estás
viviendo. Tan puro y simple como eso. Sin embargo, con
una afirmación de tal calidad hecha por un hombre de calidad, debemos ser
cuidadosos. Con mucho énfasis se necesita sumarle una dimensión más a la
afirmación de Scott: el enfoque para la vida y el aprendizaje debe ser
Jesucristo, y el resultado debe ser la semejanza a Jesucristo. Un
discípulo del Nuevo Testamento debe estar completamente preocupado por
Jesucristo, de esa manera, tal preocupación consumirá todas las
preocupaciones menores; y de esa forma se está pareciéndose más y más a
Cristo en forma práctica, constantemente enseñando, constantemente ministrando,
constantemente edificando la vida de las personas, constantemente corrigiendo
donde sea necesario, y constantemente yendo tras el mundo entero. Así, la
semejanza en la práctica a Cristo, no es ese sentimiento y comportamiento
insípido, domado, tímido, de aparente mansedumbre, que hemos, sin pensar,
permitido en la iglesia de hoy. Eugenia Price acertó cuando dijo que, “El
gran pecado de la iglesia de hoy es, que esta ha domado a Jesucristo.” Sam
Shoemaker, de quien Billy Graham dijo, “Probablemente Él significó más para
la iglesia institucional mundial, que cualquier otro hombre de su
generación,” una vez escribió: “La tarea principal de la iglesia no es
generar trabajo, o tener una larga lista de miembros, o recaudar mucho
dinero, la tarea principal de la iglesia es formar a las personas para que se
comporten como Jesucristo, y ese comportamiento no es un estilo de vida
tímido, tampoco es un manera de que la gente no actúe. Estas personas con
semejanza a Cristo, no pueden ser obtenidas de mediocres ofertas masivas,
sino que deben ser extraídas una por una.” Haga un
contraste nuestras iglesias y su estrategia de hoy, en las cuales el
procedimiento para obtener tales personas sería como hacer explotar una
montaña de granito y luego esperar que caigan las estatuas ya pulidas.
Shoemaker continua diciendo: “Nuestras iglesias deberían ser desvestidas
hasta ser organizaciones miniatura, para luego así, ofrecer a los pastores y
laicos la oportunidad de aprender el gran arte espiritual de ganar y entrenar
a otros. Es casi una experiencia universal si uno pone en práctica este tipo
de obra primeramente en su vida, y entonces así, será saturada completamente.
Nuestras mentes, nuestras emociones, y las horas de nuestros días, deberían
estar copadas, en todo momento, por un grupo especial de individuos, los
individuos que queremos ganar, los individuos que queremos entrenar para que
asuman responsabilidad, los individuos con quienes queremos tener comunión y
ayuda espiritual.” Ese fue el estilo de vida modelado originalmente por
Jesús, y el cual debería ser dominado también por nosotros. Knofel Staton,
profunda e incisivamente escribió, ¿”Qué es un discípulo de Jesús y como se
puede hacer uno? Sin una clara visión de nuestros objetivos nos quedaríamos
parados en el mismo lugar, desperdiciaríamos nuestro tiempo y energía, y
todavía no haríamos un solo discípulo.” La palabra discípulo aparece 270
veces en los evangelios y en el libro de los Hechos. La palabra no vuelve a
aparecer en los 22 libros restantes del
Nuevo Testamento. ¿Qué sucede aquí? ¿Por qué desaparece la palabra?
¿Qué nos está diciendo el Espíritu Santo? En Lucas 6:40 Jesús dijo, “Cuando
el proceso se haya cumplido, el pupilo será como su maestro.”Asi que,
deberíamos esperar el surgimiento de algunas características que demuestran
el avance de esa semejanza. Y verdaderamente, allí es cuando la palabra
cristiano comienza a ser usada. La palabra “santo,” (uno completamente apartado
bajo el control de Cristo), comienza a emerger. La palabra “creyente”, uno
que es un creyente en Jesucristo, continua y consistentemente, aferrado a él
y en busca de sus propósitos en su propia vida diaria. DISCIPULADOR La segunda
palabra clave es la palabra “discipulador.” Un discipulador, o hacedor de
discípulos, es aquella persona que transforma hombres en discípulos. Un
discipulador es meramente un discípulo en proceso de madurez, con seguridad
uno no puede ser un discípulo de Jesús, ignorando las únicas órdenes que
Jesús le dio a su iglesia para poder marchar. En resumen, parecería imposible
ser un discípulo sin ser un discipulador. Un discipulador al mismo tiempo es un aprendiz que recluta
y guía a otros mientras aprenden
juntos. DISCIPULADO La tercera
palabra clave es la palabra discipulado. El mandato de Jesús de hacer
discípulos está cargado de implicaciones basadas en el ejemplo y enseñanzas
de Jesús. Discipulado es el proceso de convertir hombres en discípulos.
Christopher Adsit, en su libro Personal Disciple Making,
(Haciendo Discípulos), lo define así, “buscando cumplir el imperativo de la
Gran Comisión , haciendo un esfuerzo consciente para ayudar a las personas a
transitar el camino hacia la madurez espiritual, sustentado por el poder y
dirección del Espíritu Santo, utilizando los recursos de la iglesia local, y
empleando completamente los dones, talentos y habilidades adquiridas durante
los años.” El discipulado
es realizado por alguien, no por algo. Es hecho por las personas, no por los
programas. Se logra a través de individuos, no a través de instituciones.
Técnicamente, el discipulado es: un cristiano que imparte su vida completa a
otro, mediante el ejemplo, liderazgo y las relaciones. Esto involucra siempre
la transferencia de vida. Hay una gran
diferencia entre desinfectar pecadores y discipular santos. Gran
parte del trabajo en la iglesia, como, trabajo pastoral, adoración, esfuerzos
de educación, esfuerzos de promoción, etc,
resultan para la desinfección ocasional de pecadores, pero tristemente
no hay un verdadero discipulado de santos. ¿La prueba de esto? Muy simple,
muchos cristianos en muchas iglesias no tienen más dedicación a Cristo que la
que tenían el día antes de ser salvos. La desinfección
de pecadores hace que el pecador sea salvo, luego lo pone en una caja fuerte
espiritual de la cual emerge como un ser humano decente y domado. El
discipulado de los santos, por otra parte, involucra la construcción
cualitativa de un individuo salvo, de manera que el individuo cambie el
mundo de una manera constantemente creciente, a través de la continuación
de este proceso. Podremos ver la
diferencia a través de esta ilustración, que involucra una comparación entre
predicar y discipular. Suponga que tiene una persona parada detrás en una
línea sosteniendo con una mano un balde con agua. Diez metros mas allá de la
línea hay 20 botellas de leche de boca pequeña. Predicar es como tomar el
balde y lanzar el agua hacia las botellas desde detrás de la línea, esperando
que algo de esa agua entre en las botellas. Sin embargo la eficiencia de tal
técnica es predecible, muy poca agua va a entrar en las botellas, y si lo
hace, se evaporará pronto si no hay un propósito práctico para su uso. El
discipulado, en comparación, es como llevar el balde con agua a cada botella
y vaciar el agua dentro de éstas hasta que estén llenas. Es evidente cual de
las dos es más eficiente. También podemos
decir que predicar es como sostener un gotero con medicina para los ojos
desde un tercer piso, y dispensar unas gotas a la calle, y esperar que parte
de esta caiga en el ojo de alguna persona. El discipulado, por otro lado, es
personal, como dispensar la medicina desde la punta del gotero directamente
al ojo que la necesita. Si no tenemos un
estándar continuo de discipulado, dispensamos la verdad de una manera masiva,
y a final puedes contar a las
personas, aunque estaremos produciendo muy poca gente con quien contar. Un
discipulado al estilo de Jesús corregirá ese problema. Cuando los discípulos
escucharon a Jesús decir que ellos tenían que convertir a los hombres en
discípulos, ellos tenían que interpretar aquello, al significado de que,
ellos tenían que producir de otros , lo que Jesús había producido de ellos.
El Discipulado incluye todo el proceso de hacer discípulos, desde la
conversión hasta un hacedor de discípulos entrenado. Este es el corazón de lo
que Jesús espera de su iglesia. DISCIPLINAS Una palabra clave final, esta es la palabra “disciplinas.” Las
disciplinas son las áreas de la vida que revelan el costo del discipulado.
Hudson Taylor fundador de Misiones de las Islas de China y uno de los los mas
grandes misioneros visionarios que haya vivido, escribió que “Un hombre puede
estar consagrado, dedicado, y ser devoto, pero sería de poco valor si es
indisciplinado.” ¿Qué tan serio es el mandato de Cristo? ¿Qué tan extenso y serio ha
sido el fracaso de la iglesia de obedecer el único mandato de la Gran
Comisión? ¿Existe evidencia real de tal fracaso? Yo creo que la evidencia es
prevaleciente y persuasiva. Hace años, yo estaba en una reunión con un canoso y
veterano cristiano, quien ya hace mucho se fue a los cielos. El y yo
estuvimos solos en su oficina por un rato, durante ese momento el me preguntó
que, qué estaba “haciendo por estos días” en la iglesia donde pastoreaba. Yo
le respondí , “estoy haciendo todo lo que sé que puedo hacer, para convertir
miembros de iglesia a discípulos de visón mundial, los cuales, a su vez, sean
reproductores de otros discípulos de visión mundial.” Él, tristemente me
respondió, “Hermano Hodges, yo nunca he tenido éxito en producir
reproductores en ninguna iglesia donde he sido pastor.” Yo le pregunté,
“¿pero entonces que hiciste? Él lastimosamente respondió, “yo solo seguía
adelante y traté de hacer todo el trabajo yo mismo.” No me puedo imaginar un
auto juicio más triste. Una vez estaba yo sentado en un restaurante con tres pastores
esperando que nos sirvieran el almuerzo. Estábamos hablando (yo creí que
conducía la conversación) acerca del discipulado. Un muy excelente pastor en
el grupo hizo un honesto comentario de su historia ministerial (y el era un
excelente líder pastor evangélico): “ Herb, yo ahora miro atrás acerca de mis dos largos
pastorados, y solo puedo ver dos hombre en cada una de las dos iglesias, quienes
podrían calificar como el tipo de hombre que estás definiendo.” Este pastor
no estaba protestando ni estaba disgustado cuando habló, solo sentí tristeza.
Que trágico, pero que típico. A lo sumo, hemos estado produciendo “buenos
cristianos”, lo cual casi siempre significa, gente extremadamente
introvertida, en vez de hacedores de discípulos, reproductores y de impacto
mundial. La meta aparente de Jesús fue la de producir “discípulos”
quienes se convertirían en “discipuladores,” entregados a una vocación
de toda la vida para “discipular” a otros y practicar las “disciplinas”
diarias que son necesarias para cumplir ese propósito. EL DISCIPULADO QUE PRODUCE UN MINISTERIO DE MULTIPLICACIÓN
El Nuevo Testamento agrega otra dimensión crucial a
nuestra vocación. Debemos estar involucrados en un discipulado que
produzca un ministerio de multiplicación. Es muy claro la intención de
Cristo que cada discípulo esté involucrado en un ministerio multiplicador. ¿Qué
es multiplicación? La multiplicación es: cuando un discípulo comienza a
producir otros discípulos con visión e impacto mundial. Como puede ver, el
plan de Dios es alcanzar al mundo de la misma manera que éste ha sido poblado¾mediante la multiplicación. En Génesis 9:1 Dios dijo, “fructificad y
multiplicaos, y llenad la tierra.” Alguien dijo que esta fue la primera orden
dada al hombre, y la única que ha obedecido. El mandato evangelístico de
Jesús es esencialmente el mismo mandato biológico de Dios.
¿Qué
cosas impiden la reproducción biológica del ser humano?
Las
mismas deficiencias cuentan para el
fracaso de la multiplicación espiritual. Cuando no hay unión entre el
cristiano y Jesucristo de manera consistente, habrá poca o ninguna
multiplicación espiritual. La presencia de pecado en la vida del creyente,
también impedirá el proceso de multiplicación. La inmadurez de un cristiano
en la infancia espiritual es de impedimento para su multiplicación. El
apóstol Pablo escribió, “les escribo como a bebes en Cristo,” y los
cristianos inmaduros de corinto no cumplieron el estándar de impacto mundial
de la multiplicación espiritual. La
multiplicación espiritual es la visión planificada por Dios, para alcanzar
nuestro mundo actual y todas las generaciones futuras a través de aquellos
que ganemos y entrenemos ahora. La estrategia del ministerio de Jesús es
evidente: El vio a las masas a través del hombre, luego Él edifico al hombre
para impactar a las masas. Ministró a todos los que estaban frente a Él, pero
solo reclutó por amor de su reino. Cuanto hemos distorsionado este estándar
edificando instituciones en vez de individuos. Jesús amó a cada individuo,
eso es seguro, pero Él siempre vio más allá de sus discípulos, a los hombres
que ellos alcanzarían y entrenarían (lea Juan 17:20). En
Hechos 2:41,47 y Hechos 5:14, la palabra “añadido” define la estrategia
matemática de Dios justo al comienzo de la historia de la iglesia. Sin
embargo, en Hechos 6:1, leemos “como creciera el número de los discípulos”y
en Hechos 9:31, leemos que, “las iglesias....se acrecentaban.” Aparentemente, la iglesia nunca retrocedía
a meras sumas, a menos que fuera esparcida e iniciaba todo de nuevo y
rápidamente se desplazaba hacia la multiplicación. Cuando
una persona de mi edad se reencuentra con algún antiguo compañero de
universidad o seminario, a quien no ha visto desde los días de la escuela,
usualmente se hacen algunas preguntas clave. “¿Estas casado?” “¿Tienes
hijos?” “¿Cuántos hijos tienes?” “¿Cuántos nietos tienes?” Y, si las personas
tiene bastante edad, estas preguntarían,
“¿Tienes bisnietos?” Cuando
estemos delante del gran trono del juicio de Dios, nosotros podríamos muy
bien oír las mismas preguntas. “¿Tienes Hijos?” (y si no, ¿por qué no?)”
“¿Cuántos niños tienes?” Y luego comienza la prueba real de nuestra
participación en los planes de Jesús. “¿Tienes nietos, cristianos que son el
producto de la manera en que levantaste a tus hijos espirituales?” “¿Y,
tienes bisnietos espirituales?” No será satisfactorio saber que ministramos a
un vasto número y solo unos pocos fueron reproductores. Solo será
satisfactorio si hemos pasado nuestras vidas buscando hacer de nuestros
discípulos lo que hizo Jesús de los Suyos. Para
poder estar seguros de que vemos el verdadero estándar, y entendamos la
seriedad del fracaso, cuando implementemos ese estándar, permítanme concluir
este capítulo con una nota muy seria y hasta negativa. La muy conocida novela
titulada, El Puente Sobre El Río Kwai, fue llevada al cine a
una producción aún mas conocida y con el mismo título. Tanto el libro como la
película son ficción, y fueron inspirados en la historia original del
excelente libro de Ernest Gordon, Milagro Sobre El Río Kwai. El
Puente Sobre El Río Kwai, cuenta una
historia acerca de un coronel británico capturado por los japoneses durante
la segunda guerra mundial. Cientos de desesperanzados prisioneros languidecían
hasta la muerte en un campo de concentración en las junglas de Birmania. El
oficial ingles presento una idea creativa, un plan para mejorar la moral y
para darle a los cautivos algo por el cual vivir. Cerca del campo de
concentración, el enemigo estaba construyendo un puente para ferrocarril. Los
prisioneros asumirían la tarea. Ellos trabajarían con arrogante eficiencia y
mostrarían a los japoneses lo que el ingenio ingles podía hacer. Dedicándose
el mismo y sus soldados al trabajo, el líder británico comenzó a ver el
cambio de moral. La meta de construir el puente se convirtió en su gran
obsesión. Finalmente, la obra fue terminada. Cuando el primer tren japonés de
suministros se acercaba a la estructura, el orgulloso coronel detectó a unos
comandos aliados apostados en el lecho del río, debajo del puente, a punto de
demolerlo. Debido a su obsesión personal, el coronel comenzó a gritar para
prevenir al comandante japonés y corrió frenéticamente río abajo tratando de
detener a los saboteadores. ¿Les
parece una analogía muy clara? Muchas iglesias dan pena, moribundas, cercanas
a morir, a tal punto que sus líderes traen planes tras otros, programas tras
programas, para mejorar la moral y darle a los miembros algo para mantenerlos
motivados. En resumen, se dedican a realizar estrategias de supervivencia, un
ejemplo clásico de sostenimiento de la institucionalidad. Al igual que en la
historia, el enemigo tiene su propio programa de trabajo, y este está feliz
al reclutarnos para su “cumplimiento.” Frecuentemente tomamos los planes del
enemigo como venganza. La meta de “construir el puente” se convierte en
nuestra gran obsesión. Y cuando alguien sugiere que esto es más substituto de
Satanás que estrategia del Salvador, nos volteamos y lo miramos como si fuera
nuestro enemigo. Nos hemos obsesionado tanto con programas dirigidos a seguir
edificando la institucionalidad, que hemos olvidado que está aconteciendo una
batalla mucho más grande que ese puente. Como niños pequeños jugando el juego
de la imaginación, seguimos saltando sin aliento a través de la vida dejando
de cumplir el mandato original de Jesús. El
la primavera de 1991, pasé unas semanas en una iglesia de Texas, predicando
por las noches acerca de temas que apoyan el proceso del discipulado, y
durante el servicio del mediodía enseñaba el proceso mismo del discipulado.
El pastor de esta iglesia surgió del ministerio de una iglesia de la cual yo
había sido pastor. En la última noche, una joven pareja se me acercó momentos
antes de comenzar el servicio, y mientras conversábamos la esposa colocó una
carta en mi mano. Parte de la carta decía: “Yo no se si usted lo sabe o no,
pero yo soy una de sus nietas espirituales. Nuestro pastor nos ha estado
discipulando durante cuatro años.” Luego en la carta hay una sección con
información personal, y otra sección en la cual ella ensaya y aplica el
mensaje de cada noche de esa semana. La carta continúa y dice: “ “Gracias por el
tiempo extra que ha invertido enseñándonos acerca del discipulado. Temo que
no soy como el hermano que confesó con lagrimas en el servicio del mediodía,
que por muchos años ha sido un cristiano, pero realmente nunca había
discipulado a nadie. Yo he estado testificando a varias personas después de
haber estado aprendiendo con mi pastor, pero ahora estoy muy ansiosa de tener
el primer discípulo en mi vida. Esto
ha sido un cambio de rumbo en mi vida, y aprecio que usted le permita
a Dios el usarle para ministrarme y desafiarme. Es mi deseo, con Jesús
obrando a través de mi, el hacerle a usted un bisabuelo espiritual. Muchas
gracias por venir. Su hermana y nieta en Cristo, (firma.) Las realidades
prácticas del Nuevo Testamento sugeridas por el sentimiento de esa carta,
comprenden las ordenes de marcha que Jesús le dejó a su iglesia. Agregue las
dimensiones de la reproducción espiritual, visión mundial, y el proceso
práctico de hacer discípulos, y usted habrá dado un gigantesco paso hacia el
cumplimiento de Su mandato. En mayo de 1983, un
periódico de un seminario bautista sureño publicó una triste y hasta trágica
historia. Yo no haré mención de los nombres de las personas involucradas,
aunque estos se mencionan en el artículo. “Cuando los misioneros tal y cual
escribieron un libro acerca de su expulsión de Etiopía, se vieron forzados a
preguntarse a si mismos qué realmente dejaron atrás. La respuesta les sacó el
aire de los pulmones. Ellos se dieron cuenta que solo habían esparcido
semillas, no las plantaron. Aún más triste fue el saber que los cristianos en
todas partes estaban cometiendo los mismos errores, bautizando multitudes,
pero no estaban haciendo discípulos. ‘No hemos hecho discípulos,’ le dijo el
misionero a la audiencia en la capilla. ‘Nosotros simplemente hemos tenido
profesiones de fe. Los hemos tenido sentados en las bancas por todo Estados
Unidos y alrededor del mundo. Es muy fácil bautizar personas. Es algo
completamente diferente el hacer discípulos. Me da la impresión que la
iglesia y Dios tienen diferentes planes de operación. La iglesia tiene
oradores y oidores, ninguno de los cuales son los hacedores que Jesús reclama
que sean los cristianos. Necesitamos pasarnos al programa de Dios.’” Esta historia
probablemente generaliza el problema, como si todos los cristianos fueran
igualmente dignos de culpa, y con mucha seguridad sobre simplifica la
solución. Este libro es también culpable de ambas faltas. Sin embargo, señala
y enfrenta un crucial fracaso en la iglesia entera, y nos recuerda de la
única estrategia que Jesús nos dió. Nunca es tarde para
comenzar a hacer lo que es correcto, lo que se nos ha mandado a hacer. Cualquiera
puede ir de nuevo al punto cero y comenzar el proceso de multiplicación. Sin
embargo, la mayoría de nosotros necesitaríamos entregarnos inmediatamente a
una vocación de estudio de la vida y ministerio de Jesús, preguntándonos,
“¿Cómo lo hizo Jesús con sus discípulos?” y estudiando también las grandes
obras acerca del discipulado y el proceso de multiplicación. Yo le sugiero
que comience con el Plan Maestro de Evangelismo (Master Plan of Evangelism) de Robert Coleman, Luego El Arte Perdido
del Discipulado (The
Lost Art of Disciple-Making) de Leroy Eims. Es necesario que usted lea una y
otra vez estos libros. De allí en adelante, las obras especializadas
disponibles hoy día ocuparan al más serio discipulador por el resto de su
vida. Puedo ver un
creciente ejército de multiplicadores
reproductores, de impacto mundial, de visión mundial, cuya historia
completa es la dedicación a la Comisión de Jesús, la de convertir hombres en
discípulos. Pueda Dios reclutar y desplegar ese ejército antes nuestros
propios ojos. |
Copyright © 2005, by
ToBeLikeHim Ministries